sábado 20 de septiembre de 2008


Y han de caer del todo, sin duda alguna, LAS LAGRIMAS, que son el sudor del alma esforzada.


Esa fórmula mágica que hechice tus dedos para que cabalguen por el teclado sin someterse a los dictados de lo que se espera oír de tí, que no es sino el discurso vacío tras el que te escondes para no chillar al viento tu ansiedad, tu impotencia, tu represión, tu desvalimiento, ese desvalimiento que te presenta tan desnudo, tan frágil. Esa fórmula mágica que te empuje allí donde nunca te dejaron ir, allí donde te anunciaron mil fantasmas, para bailar con ellos la danza de los siete velos y descubrirle el rostro a la memoria de los sueños.
Esa fórmula mágica que borre de tus recuerdos la cara oculta de quienes te educaron en la hipocresía, el egoísmo y la competitividad; de quienes falsearon la Historia para poder tolerarla, para condenarnos de por vida a repetirla
Esa fórmula mágica que invente las palabras del corazón y le expliquen a las de la razón el color de sus ojos, de un atardecer, el sonido de sus silencios o el olor de la mañana.
Esa fórmula mágica que te haga creer la eternidad y siembre de esperanza y de futuro lo que solo parece un camino hacia la nada. Tierra a la tierra, tierra fecunda...
Esa fórmula mágica que traduzca el mensaje del otro, siempre extranjero, y te enseñe el idioma universal de lo que se esconde tras las palabras, siempre extranjeras, siempre extranjeras.
Esa fórmula mágica que te guíe por la línea que separa en dos la vida, como una naranja de ácido jugo: listos y tontos, buenos y malos, rojos y azules, ricos y pobres, hombres y mujeres, Epi y Blas, Ortega y Gasset... To be or not to be.