viernes, 26 de septiembre de 2008

De Eduardo Galeano, en El libro de las palabras andantes.

Ventana sobre las paredes:
Escrito en un muro de Montevideo: Nada en vano. Todo en vino.
También en Montevideo: Las Vírgenes tienen muchas Navidades, pero ninguna Nochebuena.
En Buenos Aires: Tengo ambre. Ya me comí la "h".
También en Buenos Aires: ¡Resucitaremos aunque nos cueste la vida!.
En Quito: Cuando teníamos las respuestas nos cambiaron las preguntas.
En México: Salario mínimo al Presidente, para que vea lo que se siente.
En Lima: No queremos sobrevivir, queremos vivir.
En la Habana: Todo se puede bailar.
En Río de Janeiro: Quien tiene miedo de vivir, no nace.
Ventana sobre las prohibiciones:
En la pared de una fonda de Madrid hay un cartel que dice: Prohibido el cante. En la pared del aeropuerto de Río de Janeiro hay un cartel que dice: Prohibido jugar con los carritos porta-valijas. O sea: todavía hay gente que canta, todavía hay gente que juega.
Ventana sobre la utopía :
Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía…? Para eso sirve: para caminar.

Top y pico

eSAS pEUEÑAS cOSAS

COSAS QUE ME GUSTAN

-
Ver a un/una farmacéutica hacer un paquete con tres o cinco cajas de distintos tamaños.
- Ver aparcar un trailer marcha atrás.
- La cara de mi hijo cuando ve a un niño/a pequeñajos.

- Jugar, a lo qe sea.
- La manera de cantar a Larralde de mi hermano.
- Escuchar a las señoras mayores, de barrio, escojonarse de risa.
- Las mujeres atándose el pelo con los brazos en alto.
- Mi sobrino Eduardo recién levantado de la cama.
- El bullicio de niños jugando.

- Una mujer en la parte de atrás de una moto grande.
- La voz por la ventana de alguien cantando coplas.
- El olor de la gasolina.
- Los contraluces tormentosos en el cielo mientras conduzco escuchando ópera.
- Los gestos de los recién nacidos.
- Ver cocinar a mi sobrino Celso.
- Los abrazos de oso de los tipos grandes.
- Los abrazos tiernos, protectores, largos, con mujeres menudas.
- Los abrazos tímidos y torpes de los adolescentes.
- Los abrazos entregados, alocados, espontáneos de los más chinorris.
- El humor de Les Luthiers.
- El Fairy.
- Recordar cuando, de niño, mojaba pan en leche y después en el bote del azúcar.
- Escuchar hablar a Saramago, a Carrillo.
- La tosca forma de ser tiernos de los vascos.
- La manera de concebir y encarar la vida de los andaluces.
- La sobriedad escribiendo de Delibes.

- Las sobremesas interminables.
- Observar a la mujer que amaba, cuando no me veía, ojear papeles antiguos y ordenarlos.

- Las pulseras tobilleras.
- Los gatos.
- Ir sólo al cine.

- Leer el periódico las mañanas del domingo, desayunando “gochadas”
- Los chistes de Forges. Forges.

- El sonido del corcho saliendo de una botella de vino.
- La cabeza de Manuel Vicent (incluída su mirada, que va incluída, como la del chiste)
- Este chiste:
Un catalán en una frutería andaluza, le pregunta en catalán al frutero, un cachondo de Utrera: "A quant va la uva?", y el cachondo responde: Ba-lam-bam-bú....
- Este anuncio:
http://es.youtube.com/watch?v=3Lp4-16GLa4


COSAS QUE ME GUSTAN MUCHO

- Follar rico, dulce… Bueno, y abruptamente, con tiempo, sin tiempo, en la cocina, en el suelo, en una silla, en la cama, al aire libre (bueno, bueno, que me estoy viniendo arriba; al aire libre depende).
- Abrazar a mi hijo cuando se despierta, como asustado, de la siesta, aunque se me esté haciendo mozón y me quede un cuarto de hora de que se deje.
- Las miradas cómplices y las risas simultáneas, sin saber por qué, con mi hermano.
- Los despistes de mi otro hermano.
- El olvido eterno de las llaves de mi otro hermano.
- Los cabreos de mi otro hermano jugando -y perdiendo- a las cartas.

- La lágrima fácil, entre su vozarrón, de mi otro hermano.
- Las manos de mi padre.
- La forma de apuntar algo con el dedo corazón de mi hijo.
- Los hoyitos femeninos de la espalda.

- Lisboa.
- Todos y cada uno de mis sobrinos.


COSAS QUE NO ME GUSTAN

- El "DEQUEÍSMO".
- Que hablen tanto acerca de lo largo de los discursos de Fidel Castro, pero nunca nos lo dejen escuchar.
- Las manos de los curas de La Salle.
- Los escritores más pendientes del “cómo” que del “qué”.
- La voz de Pedro J., el putero.

- El Mistol.
- Las bebidas de coco, los pasteles de coco, los caramelos de coco.
- La falta de nobleza.
- Las mangas de las americanas muy largas.
- Los que tienen “mal vino”, mal beber.

- Los pantalones pirata.
- Hablar mucho tiempo por teléfono.
- Los anillos con piedra en la mano de un hombre.
- El bacalao, el "chunda-chunda".
- Las cremas.
- El rugby (esos mocetones de pantalones ajustaditos oliendose el culo... no sé).
- Las patatas a la importancia.
- Tener las manos pegajosas.
- La intrasigencia, la intolerancia.
- La prepotencia.

COSAS QUE NO ME GUSTAN NADA

- El Corte Inglés.
- Planchar.
- Las multas de tráfico "a traición", para hacer caja.
- La envidia.
- La deslealtad.
- Las ratas.
- Acebes y Zaplana.
- La hipocresía.
- La injusticia.
- La impunidad de los gobiernos y los privilegios de los políticos con cargo público.

sábado, 20 de septiembre de 2008


Y han de caer del todo, sin duda alguna, LAS LAGRIMAS, que son el sudor del alma esforzada.


Esa fórmula mágica que hechice tus dedos para que cabalguen por el teclado sin someterse a los dictados de lo que se espera oír de tí, que no es sino el discurso vacío tras el que te escondes para no chillar al viento tu ansiedad, tu impotencia, tu represión, tu desvalimiento, ese desvalimiento que te presenta tan desnudo, tan frágil. Esa fórmula mágica que te empuje allí donde nunca te dejaron ir, allí donde te anunciaron mil fantasmas, para bailar con ellos la danza de los siete velos y descubrirle el rostro a la memoria de los sueños.
Esa fórmula mágica que borre de tus recuerdos la cara oculta de quienes te educaron en la hipocresía, el egoísmo y la competitividad; de quienes falsearon la Historia para poder tolerarla, para condenarnos de por vida a repetirla
Esa fórmula mágica que invente las palabras del corazón y le expliquen a las de la razón el color de sus ojos, de un atardecer, el sonido de sus silencios o el olor de la mañana.
Esa fórmula mágica que te haga creer la eternidad y siembre de esperanza y de futuro lo que solo parece un camino hacia la nada. Tierra a la tierra, tierra fecunda...
Esa fórmula mágica que traduzca el mensaje del otro, siempre extranjero, y te enseñe el idioma universal de lo que se esconde tras las palabras, siempre extranjeras, siempre extranjeras.
Esa fórmula mágica que te guíe por la línea que separa en dos la vida, como una naranja de ácido jugo: listos y tontos, buenos y malos, rojos y azules, ricos y pobres, hombres y mujeres, Epi y Blas, Ortega y Gasset... To be or not to be.

Por la presente, y en pleno uso de mis exiguas facultades, declaro:

Que, considerándome un hombre razonablemente bueno, en el sentido machadiano de la palabra, y repudiando -todo lo solemnemente que un hombre en calzoncillos puede repudiar-, lo “políticamente correcto”:

- No me considero más machista de lo que las circunstancias históricas impusieron a todos los hombres de mi generación (y sospecho que a las más recientes) por pensar que son muchas las mujeres que te pueden desquiciar al volante, o por pensar que en el saco de los malos tratos sólo se está metiendo a los de una parte.
- No soy un pusilánime por entender que, entre otras, hay una básica clasificación de los seres humanos, aquella que los divide en dos: los que son unos hijos de puta, y los que no lo son.
- No soy un psicópata por atreverme a decir que me importa un carajo que se mueran aquellos a los que considero unos hijos de puta.
- No soy un demagogo por defender que aun hay fórmulas para que un día “los pobres coman pan y los ricos mierda-mierda”.
- No soy un irresponsable por mostrarme frente a mi hijo como un hombre con “perfiles”, o sea, con debilidades, con contradicciones, con grandezas y miserias a partes iguales.
- No soy un intolerante por pensar que “no vale todo”.
- No soy un iluso por pensar que el amor, la pasión, los ideales y, en general, todas las pulsiones vitales, no son patrimonio exclusivo de los más jóvenes.
- No me considero privado del derecho a opinar o a exigir a mis gobernantes todo lo que estime oportuno por el hecho de no entrar en su jueguete falsamente democrático de partiditos y elecciones.
- No soy un ingenuo por creer cada día que este mundo es mejorable.
- No soy pesimista por estar convencido de que nacemos solos y morimos igualmente solos.
- No soy un egoísta por estar convencido de que en este país, si tienes trabajo, eres hombre, sano, de mediana edad, heterosexual y no has sido -afortunadamente- víctima directa o indirecta de algún atentado, entoces, eres el último mono y el "pagano" de este sarao que es la vida.

Sólo soy un hombre, nada más.
Un hombre que se emociona con los anuncios ridículos de navidad, que a veces se hurga las narices en los semáforos, que se enamora de una mirada, que ronca, sonríe, se abotona torpemente, refunfuña contra los inventores del “abre-fácil”, despotrica contra la usura de los bancos, se indigna con la impunidad de los gobernantes, que deja de fumar cada dos meses, que libra una encarnizada batalla con sus almorranas a base del maldito salvado de trigo –diossss-, un hombre tan solo. Taan solo.

martes, 16 de septiembre de 2008

Soledad

Cuando desde mi verborréica propensión a creer que todo es susceptible de ser explicado con palabras, intento sacarme el dolor del amor en una catarsis psicoanalítica, me estrello una vez más con la armadura del narcisismo y la insuficiente utilidad de la comunicación oral.
Escribimos, hablamos, a veces hasta leemos y escuchamos… sin apenas distanciarnos de la orilla de cada uno de nuestros ombligos, en un intento baldío de ser dos.
Sólo tu piel, sólo tus abrazos, sólo el olor de tu cabello me invitan a creer que hay alguien más por ahí, en el universo. Sólo a través de tu cercanía, de las ondas que emite el sonido de tu voz descubro, perplejo cada vez, que hay vida más allá del profundo abismo de mi yo.

TE QUIERO

"Te quiero". Todos lo decimos. Pero cuando lo escuchas, nunca sabes qué quieren decirte realmente.

Presentación




Son las 8 de la tarde de un día cualquiera de septiembre, y hay 24 grados centígrados de temperatura, completamente soleado pero, no se sabe de donde, empiezan a caer gotas -una nube despistada-, y los rayos de sol se filtran por entre las gotas que veo a través de la ventana.

Atardece, camino por entre los arboles del parque, hace frío, apenas hay gente por la calle. A lo lejos oigo una música apenas imperceptible, a medida que me acerco se oye más nítidamente, finalmente reconozco, a través de la ventana abierta de un piso cercano el adagietto de la 5ª Sinfonía de Mahler, me siento en un banco y veo como el sol desaparece al compás de los últimos acordes.