
Una mala IKEA…
Bueno, tras meditarlo detenidamente, después de algunos cambios de casa -míos o de amigos/as-, y tras 1 millón de tornillos enroscados (fundamental: darse cuenta de la necesidad de un atornillador eléctrico ANTES), 200 estanterías encajadas, 100 guías de cajones incrustadas, 500 puntas-sin-cabeza clavadas y 800 giros a cada mueble, por no citar las 50 instrucciones leídas, los tres viajes para descambiar lo defectuoso y las pertinentes visitas a la catedral del mueble con sus kilométricos recorridos entre doscientas mil personas desatadas en fin de semana, pertrechado de la correspondiente libretita y el ridículo lapicerito de hobbit, de cargar y descargar del sufrido coche (del tipo berlina, con los asientos abatidos) la retahíla de enseres embuchados y de aprenderte 200 referencias en sueco… he llegado a la conclusión, TARDE, de que la próxima vez voy al coquetón almacén que tengo a tiro de piedra de mi casa, y le encargo lo que toque a un amable señor que me atiende, para que me envíe en un fantástico camión la compra, acompañada de dos mocetones como armarios –nunca mejor traído-, provistos de TODA la herramienta necesaria, que en un abrir y cerrar de ojos se ganarán honradamente la vida haciendo lo que saben: poniendo en pie el PUTO MUEBLE en el sitio que les has indicado previamente.
“¿Y el diseño? ¿Qué me dices del diseño…?”. “¿Y el precio…?”.
CAGAO.
Bueno, tras meditarlo detenidamente, después de algunos cambios de casa -míos o de amigos/as-, y tras 1 millón de tornillos enroscados (fundamental: darse cuenta de la necesidad de un atornillador eléctrico ANTES), 200 estanterías encajadas, 100 guías de cajones incrustadas, 500 puntas-sin-cabeza clavadas y 800 giros a cada mueble, por no citar las 50 instrucciones leídas, los tres viajes para descambiar lo defectuoso y las pertinentes visitas a la catedral del mueble con sus kilométricos recorridos entre doscientas mil personas desatadas en fin de semana, pertrechado de la correspondiente libretita y el ridículo lapicerito de hobbit, de cargar y descargar del sufrido coche (del tipo berlina, con los asientos abatidos) la retahíla de enseres embuchados y de aprenderte 200 referencias en sueco… he llegado a la conclusión, TARDE, de que la próxima vez voy al coquetón almacén que tengo a tiro de piedra de mi casa, y le encargo lo que toque a un amable señor que me atiende, para que me envíe en un fantástico camión la compra, acompañada de dos mocetones como armarios –nunca mejor traído-, provistos de TODA la herramienta necesaria, que en un abrir y cerrar de ojos se ganarán honradamente la vida haciendo lo que saben: poniendo en pie el PUTO MUEBLE en el sitio que les has indicado previamente.
“¿Y el diseño? ¿Qué me dices del diseño…?”. “¿Y el precio…?”.
CAGAO.







